Escribo porque no me puedo tragar las palabras y a veces son demasiado pesadas para el viento.

sábado, 14 de febrero de 2015

Desayuno poético II.

Fue una de esas noches en las que…
Sus ojos se cerraban solos, en las que ella esperaba mas ansiosa
que nunca escuchar la puerta abrirse y con ella aquellos pasos
acercarse a su cama. Pero el sueño pudo mas que ella, entre
tanto soñar, se fue con ellos a donde hacen su encuentro lo consciente
y lo inconsciente, a donde vas a reunirte con tus sueños mas
increíbles, ahí estaba ella.
Por la ventana entraba una brisa fría que hacia bailar las cortinas,
la oscuridad que inundaba la habitación era acogedora. Pasaban
las horas y era ahí cuando el sueño empezaba a hacer su magia,
la puerta se abrió pero su rechinar no la despertó, aquellos pasos
que se acercaban ansiosos a su cama tampoco lograron despertarla
y desde ahí el la observaba con los ojos fijos…
Su angelical manera de dormir,
sus delicados rasgos…
Despertó de aquella encantadora imagen que lo tenia dormido y
se dirigió a la cocina a preparar un café. Lo puso en la mesita de
noche, al lado de ella y se acostó a su lado a seguir observándola,
el olor del café la hacia salirse del mundo de los sueños con una
sonrisa en su rostro y cuando acertó a abrir los ojos, lo tenia en
frente. Sus miradas se conectaron al instante, sus labios también.
Al fin se dio el encuentro que ella tanto esperaba, sobre las
sabanas blancas, a oscuras, con la brisa fría de la noche fluyeron
los dos como agua que se lleva el río.
Los besos se hacia mas largos y la pasión crecía cada vez mas
hasta llegar al punto de que la ropa estorbara, entonces estas
caían al suelo como las hojas de los arboles en otoño. En ese
momento las palabras sobraban, intentaban mirarse pero ya
no sabían donde empezaba uno y donde terminaba el otro.
Entre tanto placer ella se dio cuenta de que estaba enamorada
del mejor poeta y que juntos aquella noche, y a oscuras estaban
escribiendo la historia de sus vidas.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Desayuno Poético I.

Era una de esas mañanas en las que…
Ella quisiera despertar con él a su lado, sentir su aroma, el calor de su cuerpo junto al suyo, que fuera su rostro la primera imagen de su día, que fuera él, el primero en verla despertar cada mañana ahogada en los profundos lagos de su amor.
Las palabras ya no bastaban para explicar lo que deseaba, lo que con todas las fuerzas de su cuerpo anhelaba.
Dejando ya de soñar…
Quería despertar de aquel sueño que se le hacía tan placentero pensar, de aquella ilusión que sabía que no iba a pasar.
Despertando una vez más y con el lado izquierdo de su cama vacío tal cual estaba su corazón, se dirigió a la cocina con las manos llenas de ilusiones rotas que cayeron al piso al ver al lado de una fragante taza de café aquel papel doblado que decía; ‘’Desayuno Poético’’
Y sí, eso fue escrito por y para ella.                                                                          
 ¿Y saben qué?
 Ella ya no tenía más ilusiones, todas las noches se dormía esperando con ansias la mañana para desayunar con el café y las hermosas palabras que su amado le dedicaba cada día.
Las últimas palabras que leyó fueron;









‘’A usted, le voy a escribir mi poema favorito en la piel.’’