Escribo porque no me puedo tragar las palabras y a veces son demasiado pesadas para el viento.

jueves, 5 de noviembre de 2015

365 días grises.

Hay noches como la de hoy... frías, tan calmadas y estruendosas a la vez, tan serenas y tan mojadas que los gruesos hilos de lluvia que huyen del cielo vienen a recordarte que estás vivo, que el tiempo corre y que el viento no se lleva sólo las palabras.

El aire frío te envuelve tratando de sacar todo aquello que dabas por olvidado, cada gota sale de ti en forma de lagrimas, pequeños suspiros y mirada perdida en una esquina de la oscura habitación iluminada por los relámpagos que te animaban a seguir sintiéndote miserable... Y empiezas a correr como tratando de huir de los recuerdos pero los truenos siguen ahí, sigues escuchándolos tan fuertes como hace dos minutos, te deslizas en una esquina intentando hacerte pequeño pero es inútil.

Y ahí quedas... la mañana siguiente tumbado en la cama con los ojos negros echándole la culpa a la tormenta que vive en ti, sigue nublado aún y el sol no sale porque no lo dejas.


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